Tutoría en la empresa: registrar y valorizar la transmisión

En resumen
En la mayoría de las organizaciones, la tutoría en la empresa ya se practica a diario, sin que se contabilice ni se reconozca. Un compañero le enseña a otro cómo hacer una tarea, una mánager explica un procedimiento, un experto transmite un gesto del oficio. Esta página explica cómo captar lo que ocurre realmente en estas situaciones de trabajo para sacar de la zona gris esta formación “gris”, es decir, valorizar mejor una formación informal que ya existe, en lugar de intentar sustituirla por un nuevo dispositivo. Detalla lo que cambia en concreto cuando se capta esta transmisión, y por qué permite asegurar a la vez los saberes críticos y los itinerarios de incorporación.
1. Una hora de transmisión que no cuenta para nadie
Un colaborador llama a una compañera con más experiencia y le pide que le enseñe cómo proceder con una herramienta o una tarea concreta. Ella se toma el tiempo de explicárselo, de repetir el gesto con él y de responder a sus preguntas. Pasa una hora. Nadie la evalúa, nadie la registra y, al final del día, esa hora no existe en ningún sistema.
Es la situación más habitual de la tutoría en la empresa: una transmisión real y útil, pero totalmente informal, lo que se puede llamar formación “gris”: tiene lugar, pero queda fuera del radar de la organización. No llega a ningún portafolio de competencias, no figura en ningún plan de formación y, si la persona que la realiza cambia de puesto o deja la organización, el saber hacer que transmitía desaparece con ella. Esta situación afecta especialmente a los saberes críticos que hay que asegurar, los que dependen de la experiencia de una sola persona y no están documentados en ninguna parte.
2. La tutoría sigue siendo informal, lo que se capta de ella lo cambia todo
No se trata de enfrentar dos tipos de tutoría, como si una tuviera que sustituir a la otra. Por naturaleza, la tutoría sigue siendo una transmisión espontánea: se enseña, se explica, se responden preguntas. Eso es lo que la convierte en una herramienta rápida y natural, y no es lo que hay que cambiar.
Lo que cambia es la información que se capta en torno a esta transmisión que ya tiene lugar. Al vincular cada sesión a una competencia identificada, anotar lo que se ha observado y comprendido, y conservar un registro aprovechable, una transmisión oral, invisible y “gris” se convierte en una transmisión que sale de la zona gris: reconocida, registrada y oponible. La naturaleza de la tutoría no cambia; lo que cambia es su estatus dentro de la organización.
Esta captación puede hacerse durante la propia situación de trabajo, sin necesidad de diseñar de antemano un dispositivo pedagógico pesado. Es precisamente lo que distingue este enfoque de un itinerario AFEST completo (la formación en situación de trabajo regulada en Francia), diseñado y planificado con antelación: aquí se parte de lo que ya existe sobre el terreno para hacerlo visible, en lugar de construir un nuevo itinerario desde cero.
Dicho esto, una vez que estas sesiones de tutoría se captan y registran correctamente, una parte de ellas puede cumplir los criterios que permiten valorizar las horas de formación informal.
3. Lo que cambia en concreto cuando se capta la tutoría
Captar una tutoría no consiste en añadir papeleo a una práctica natural, ni en convertirla en una sesión pedagógica planificada de antemano. Se hace de forma sencilla tras una transmisión, en pocos minutos:
Una competencia identificada a la que se vincula la sesión, definida antes de la transmisión cuando es posible, o simplemente reconocida justo después cuando la tutoría ha surgido de una necesidad espontánea.
Un punto de partida y un punto de llegada, aunque sean informales: lo que la persona acompañada sabía hacer antes y lo que sabe hacer al terminar la sesión.
Una señal de apropiación de la competencia, un rastro de reflexividad, a menudo un breve intercambio, que permite a la persona acompañada reformular lo que ha entendido e identificar lo que queda por consolidar.
Un registro de la competencia adquirida, conservado en un portafolio de competencias, que vincula esta sesión de tutoría a una competencia concreta y a un nivel de dominio.
Son estos cuatro elementos, ligeros y captados sin sobrecargar la propia transmisión, los que la hacen pasar de lo “gris” a lo reconocido: aprovechable en caso de auditoría, de certificación interna o, simplemente, para justificar que un colaborador domina realmente un gesto del oficio.
4. La tutoría como pieza de un sistema de competencias más amplio
Una tutoría aislada tiene un valor limitado si no se inscribe en un marco de competencias coherente. Es al vincular cada sesión de tutoría a una competencia identificada, a su vez ligada a un oficio y a un nivel de dominio, cuando el conjunto cobra sentido.
Esta lógica se aplica tanto a la valorización de horas de formación informal como a la construcción de itinerarios de reconversión, en los que la parte de saber hacer se apoya en gran medida en sesiones de tutoría sobre el terreno, como complemento de los contenidos teóricos y de las sesiones presenciales. También se aplica a los badges de competencias, que reconocen externamente lo que se ha validado internamente a través de varias sesiones de tutoría y evaluación.
En las organizaciones repartidas en varios centros, esta estructuración resulta aún más útil, ya que permite mantener la coherencia entre equipos que no comparten las mismas prácticas sobre el terreno, un reto bien conocido de las redes multicentro heterogéneas.
5. Por qué captar la tutoría hace ganar tiempo, no perderlo
La objeción más frecuente es la del tiempo: captar una tutoría llevaría más tiempo que simplemente enseñar un gesto. En la práctica, el tiempo de transmisión no cambia, porque ya tiene lugar. Lo que se añade es el tiempo de hacerla visible y aprovechable después: unos minutos, no una nueva sesión.
Esta visibilidad tiene un efecto directo en la incorporación de los recién llegados. Buena parte del tiempo perdido al empezar en un puesto proviene precisamente de saberes transmitidos oralmente, nunca registrados, que hay que volver a explicar a cada nueva incorporación. Captar la tutoría es capitalizar de una vez por todas una transmisión que, de lo contrario, se repite indefinidamente sin dejar nunca un registro aprovechable, un reto que se detalla en la página dedicada a la alta rotación y a la incorporación costosa.
Lo que aporta Daylindo
Daylindo permite vincular cada sesión de tutoría a una competencia concreta del marco de competencias del oficio, con un punto de partida, un punto de llegada y una fase reflexiva captada durante la situación de trabajo, antes, durante o justo después, según lo que permita el terreno. La plataforma registra automáticamente el tiempo dedicado, vincula estas sesiones con las demás piezas del sistema de competencias (badges, portafolio, mapa de competencias) y hace que el conjunto sea aprovechable para una auditoría, una valorización o una certificación interna, sin sobrecargar a la persona que transmite.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la tutoría en la empresa?
La tutoría en la empresa designa una situación en la que un colaborador transmite a otro un saber hacer, un procedimiento o un gesto del oficio, generalmente de forma directa y espontánea. Puede quedarse en lo informal, y por tanto ser invisible para la organización, o captarse y vincularse a una competencia identificada.
¿Qué diferencia hay entre una tutoría informal y una tutoría captada y valorizada?
La tutoría en sí no cambia de naturaleza: sigue siendo una transmisión directa entre dos personas. Lo que cambia es que una tutoría captada se vincula a una competencia concreta, va acompañada de una breve reflexión sobre lo aprendido y se conserva en un registro aprovechable. Es esta captación la que saca de la zona gris una formación que hasta entonces era “gris”: se convierte en una prueba oponible y no en una simple práctica oral.
¿La tutoría cuenta como formación?
Una tutoría no captada no suele reconocerse como acción formativa en sentido reglamentario. En cambio, una tutoría correctamente captada y registrada puede reconocerse y valorizarse en el plan de desarrollo de competencias, y gana valor cuando se reúnen el marco (competencia identificada, evaluación, fase reflexiva) y la trazabilidad.
¿Cuánto tiempo hace falta para captar una sesión de tutoría?
El tiempo de transmisión en sí no cambia, porque ya tiene lugar. Lo que se añade es la vinculación a una competencia y una breve evaluación, a menudo unos minutos, que bastan para que la sesión sea trazable y aprovechable después.
¿Quién puede realizar una tutoría en la empresa?
Cualquier persona que tenga una competencia que transmitir puede realizar una tutoría, ya sea un experto del oficio, un mánager o un colaborador con experiencia en una tarea concreta. La calidad de la transmisión no depende de tener el estatus de formador, sino de la claridad de la competencia buscada y del marco que se establece en torno a la sesión.
¿Cómo se articula la tutoría con los demás dispositivos de competencias?
La tutoría alimenta el marco de competencias al igual que las demás formas de formación en situación de trabajo: enriquece el mapa de competencias, contribuye a un badge o a un reconocimiento interno y asegura los saberes críticos que hoy dependen de pocas personas.
¿Quiere estructurar la tutoría en su organización y hacer por fin visibles y aprovechables las competencias adquiridas sobre el terreno?
Hable con el equipo de Daylindo para ver cómo integrarla en sus prácticas.



