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Red de agencias: gestione el desarrollo de competencias sobre el terreno

hace 3 días
7 min de lectura


En resumen

  • En una red de agencias, la formación inicial no basta para convertir a alguien en un colaborador autónomo: el verdadero aprendizaje se produce después, con las visitas de expertos de campo que no se coordinan entre sí.

  • La sede suele hacer seguimiento de asistencias y contenidos impartidos, no de lo que cada colaborador sabe hacer realmente: dos cosas distintas, a menudo confundidas.

  • 4 palancas sencillas permiten recuperar el control sin quitar autonomía al terreno: un marco común para los expertos, una intervención sistemática en las competencias que importan, un registro de lo que se ha validado y una formación inicial más basada en situaciones reales.

  • El objetivo no es centralizarlo ni uniformizarlo todo, sino dejar de confundir lo que se ha impartido con lo que realmente se ha adquirido.


Formación en una red de agencias: cómo saber lo que sus colaboradores dominan realmente sobre el terreno

Una nueva incorporación llega a una agencia. Nunca ha trabajado en este oficio. Ha recibido unos días de formación en la sede, principalmente para conocer los productos que va a tener que vender y gestionar. Después, 3 personas se turnarán para terminar de formarla, sin hablar nunca entre ellas.


Por ejemplo, en una red de seguros. Primero está el responsable de la agencia, que le enseña el día a día: cómo atender el teléfono, emitir un certificado, tramitar una solicitud habitual. Después están los expertos del oficio, que vienen de vez en cuando, cada uno sobre su tema: uno para los siniestros, otro para las herramientas, otro para el desarrollo comercial. Algunos pasarán de forma sistemática. Otros solo pasarán si la agencia lo considera necesario. Nadie les ha dado un método común. Cada uno transmite a su manera, con lo que cree que es mejor.

6 meses después, esta persona gestiona sola un ámbito de actuación amplio: contratación, gestión de pólizas, algo de siniestros, algo de cobros, sobre una decena de productos distintos. Y nadie, en la sede, puede decir con certeza lo que domina realmente. No porque no interese. Sino porque la pregunta simplemente no tiene una respuesta construida, un problema que a menudo afecta también a los saberes críticos de un oficio.


El problema no es la formación, sino lo que pasa después

No es falta de voluntad ni de competencia de las personas implicadas. El responsable de agencia hace su trabajo. Los expertos itinerantes hacen el suyo, a menudo con seriedad. El problema es que ninguno de los 3 sabe de forma sistemática lo que los otros dos ya han transmitido, ni lo que han comprobado. La competencia se construye a trozos, añadidos uno tras otro, sin que nadie monte el cuadro completo.


Una responsable de formación de una red organizada de esta manera lo reconoce sin rodeos: sobre lo que ocurre una vez que los expertos han pasado por la agencia, no sabe casi nada. No sabe qué mensaje se ha transmitido. No sabe si una competencia se ha consolidado realmente. Ni siquiera sabe si se ha comprobado en algún momento. “Cada uno hace lo que cree que es mejor”, dice. No es una crítica a sus equipos. Es una constatación sobre la falta de marco.


2 colaboradores que ocupan el mismo puesto, en 2 agencias distintas, pueden haber recibido un acompañamiento completamente diferente sobre el mismo tema. Uno tuvo la suerte de dar con un experto disponible y con buena pedagogía. El otro tuvo que apañárselas, porque el experto nunca vino o porque ese día el tema no se consideró prioritario. La sede, por su parte, espera el mismo nivel de rigor de ambos, sin tener una forma fiable de saber en qué punto están realmente.


Lo que la sede ve, y lo que no ve

Lo que la sede suele seguir son asistencias y contenidos: quién ha hecho la formación inicial, quién ha recibido tal módulo en línea, qué experto ha pasado por qué agencia. Son datos reales, pero responden a una pregunta distinta de la que realmente importa. Indican quién ha estado expuesto a un contenido. No indican quién sabe hacer qué.


Una formación inicial de unos días, centrada en el conocimiento del producto, a menudo no basta para transformar a alguien sin ninguna experiencia en el oficio en una persona capaz de gestionar sola la contratación, la gestión de pólizas y algo de siniestros en varios tipos de productos. No es un secreto para nadie, tampoco para quienes diseñan estos itinerarios. El verdadero aprendizaje se produce después, sobre el terreno, con las situaciones reales y las visitas de los expertos. Y es precisamente esa parte, la más larga y a menudo la más decisiva, la que escapa a cualquier verificación.


El resultado es que la sede dispone de un cuadro de asistencias bien completo y de una visión prácticamente vacía de lo que cada colaborador sabe hacer realmente. Dos cosas distintas, a menudo confundidas porque las generan las mismas herramientas.


Algunos principios concretos para abordar el problema correcto

La buena noticia es que resolverlo no exige reorganizar todo el dispositivo ni quitar autonomía a los expertos de campo. Exige 4 palancas, más sencillas de lo que parece.


Dar a los expertos y a los formadores internos un marco común. No necesariamente un programa rígido e idéntico para todos, sino una respuesta clara a una pregunta sencilla: en este tema concreto, ¿qué debe ser capaz de hacer un colaborador para considerar que está adquirido? Hoy, cada experto responde a esta pregunta a su manera, en su cabeza, y muchas veces sin escribirlo en ningún sitio.


Hacer sistemática la intervención de estos expertos en las pocas competencias que realmente importan, en lugar de dejarla a criterio de cada uno. No todas las competencias necesitan tratarse con el mismo rigor. Pero algunas, las que afectan al cumplimiento normativo, a la relación con el cliente en temas delicados o a los gestos que comprometen la responsabilidad de la agencia, no pueden depender del azar de una visita.


Conservar un registro sencillo de lo que se ha visto y validado. No un expediente pesado de rellenar, sino lo justo para poder responder algún día a la pregunta que hoy nadie sabe resolver: ¿en qué punto está exactamente este colaborador en lo que importa? Sin este registro, cada visita de un experto vuelve a empezar de cero al año siguiente, y la sede sigue gestionando una red que en realidad no ve. Esta trazabilidad es lo que más suele faltar, tanto en una red como en una organización basada en las competencias más amplia.


Revisar lo que cubre la propia formación inicial. Mientras siga centrada en el conocimiento del producto, prepara a alguien para recitar una oferta, no para venderla ni gestionarla ante un cliente real. Construir esta formación en torno a casos prácticos, una llamada que atender, un expediente que abrir, una reclamación que gestionar, acerca más lo que la nueva incorporación aprende al principio a lo que se le va a pedir en concreto después. No sustituye el papel de los expertos de campo que vienen después. Simplemente reduce la distancia entre ambos, para que el relevo entre la sede y el terreno se haga sobre una base común, un reto cercano al de la alta rotación y la incorporación costosa de las nuevas incorporaciones.


Lo que cambia para un responsable de formación

Nada de esto quita autonomía al terreno. El responsable de agencia sigue gestionando su día a día. Los expertos del oficio conservan su experiencia y su forma de transmitir. Lo que cambia es que, al final, alguien puede por fin responder a una pregunta sencilla: en los temas que realmente importan, ¿este colaborador sabe hacer lo que se espera de él?


Lo que aporta Daylindo a la gestión del desarrollo de competencias

Un marco común para los expertos, una intervención sistemática en la base que importa, un registro fiable de lo que se ha validado: estas 4 palancas necesitan una herramienta que las sostenga en el día a día, y no un dispositivo que dependa de la memoria de cada uno. Ese es el papel de la plataforma Daylindo: ofrece a los expertos y a las fuerzas de venta y equipos de campo una pauta de evaluación común, conserva un registro oponible de lo que se ha visto y validado agencia por agencia, y permite a la sede seguir un desarrollo de competencias real y no un simple cuadro de asistencias.


Las pruebas procedentes de redes de agencias que han implantado este tipo de seguimiento muestran sobre todo un cambio de enfoque en la sede: se deja de gestionar una red que no se ve para pasar a dirigir una red cuyo nivel real por fin se conoce. Esta lógica de marco común conecta también con la que describimos en nuestro artículo sobre la armonización de la evaluación en una red multicentro.


Lo esencial

Hoy, en muchas redes organizadas en torno a agentes o centros independientes, la pregunta de qué sabe hacer realmente cada colaborador sigue sin una respuesta sistemática, a menudo porque nadie ha tenido nunca que crear la herramienta para responderla. Eso no significa que haya que centralizarlo ni uniformizarlo todo. Significa simplemente dejar de confundir lo que se ha impartido con lo que realmente se ha adquirido, y darse los medios para comprobarlo.


Preguntas frecuentes


¿Por qué la formación inicial no basta en una red de agencias?

Porque suele estar centrada en el conocimiento del producto. El verdadero aprendizaje se produce después, sobre el terreno, con las situaciones reales y las visitas de los expertos, una fase que la mayoría de las veces escapa a cualquier verificación.


¿Qué diferencia hay entre hacer seguimiento de asistencias y gestionar el desarrollo de competencias?

El seguimiento de asistencias indica quién ha estado expuesto a un contenido. La gestión del desarrollo de competencias indica lo que cada colaborador sabe hacer realmente. Son 2 datos distintos, a menudo confundidos porque se basan en las mismas herramientas.


¿Hace falta un marco idéntico para todos los expertos de campo de una red de agencias?

No necesariamente un programa rígido e idéntico en todas partes, sino una respuesta común y por escrito a una pregunta sencilla: ¿qué debe saber hacer un colaborador para que una competencia se considere adquirida?


¿Qué competencias deben evaluarse de forma sistemática en una red de agencias?

Las que afectan al cumplimiento normativo, a la relación con el cliente en temas delicados o a los gestos que comprometen la responsabilidad de la agencia. El resto puede seguir dependiendo del contexto local.


¿Gestionar el desarrollo de competencias significa centralizar todas las decisiones en la sede?

No. El objetivo no es quitar autonomía a los expertos de campo ni a los responsables de agencia, sino darles un marco común y un registro fiable de lo que se ha visto y validado.


¿Cómo conservar un registro del desarrollo de competencias sin sobrecargar el trabajo de los expertos de campo?

Dándoles una pauta sencilla que rellenar en lugar de un expediente pesado: qué observar exactamente y cómo anotar si está adquirido o no. Es este registro mínimo el que evita volver a empezar de cero con cada cambio de experto.

 
 
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